“Aquella noche de otoño, mientras
intentaba dormirme, cerré los ojos y me relajé; quise no pensar en que iba a
volver a tener esos macabros sueños… pero empecé a tener una extraña sensación,
sentía un fuerte pitido en los oídos, y comencé a elevarme sobre mi cama.
Cuando me quise dar cuenta, me giré rápidamente y vi mi cuerpo yacer en la
cama. ¿Me había muerto? ¿Qué es lo que sucedía? Quería volver dentro de él, me
sentía terriblemente asustada.
Me estaba viendo a mí misma desde
fuera, tenía una larga melena negra que ondulaba hasta mi cintura, los ojos
oscuros como la noche, un rostro pálido a excepción de unas mejillas
sonrosadas, era una joven de complexión normal y, medía un metro y sesenta
centímetros. ¡Indudablemente, era yo!
Mi pánico fue cuando supe que
realmente mi alma era la que había salido de mi cuerpo, y podía ver todo lo que
ocurría a mi alrededor. De forma fantasmagórica recorrí mi habitación, podía
atravesar paredes, podía volar a donde
quisiera, como si de un sueño lúcido se tratase… Pero sentía tanto miedo de no
poder volver a mi cuerpo, que empecé a inquietarme. Me coloqué frente a mi
cuerpo y comencé a embestir contra él en un intento desesperado de volver a mí,
lo intenté y lo intenté pero fue en
vano.
Pronto me percaté de que no
estaba sola, había una presencia más en la habitación además de mí. En

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